II° Domingo de Cuaresma 2026

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Su rostro brilló como el sol
y sus vestiduras se volvieron
blancas como la luz.

En este domingo nos vemos
catapultados, casi con asombro,
al monte Tabor, lugar simbólico del
encuentro entre el cielo y la tierra,
donde la luz ya no se refleja, sino que
se emite, y donde se nos permite
vislumbrar que nuestra humanidad
aún tiene mucho por descubrir
para ser redimida, mucho más
de lo que imaginamos o de lo que
nos conformamos con creer.

En el Tabor tiene lugar una experiencia
de gran valor teológico y antropológico:
se revela que la humanidad y la divinidad
no son realidades ajenas u opuestas,
sino dos polos en una relación profunda y
complementaria misteriosamente unidos
en la persona del Hijo.
En él, el ser humano se redescubre
como criatura pascual, es decir,
llamada a vivir cada día en una postura
de ofrenda y resurrección.

© Monache benedettine del monastero di Sant’Anna a Bastia Umbra,
Schizzi di Vangelo, Paoline 2025


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