Ve a lavarte
a la piscina de Siloé.
Se necesitan ojos que no se limiten a ver,
sino que sepan escrutar en profundidad,
discernir con sabiduría, contemplar
con amor lo que sucede.
Mirar de verdad significa permitir
que la realidad nos interpele
en su misterio, dejándonos transformar
por la verdad que, a veces en voz baja,
nos revela. Muy a menudo, en cambio,
nuestro juicio nace de una visión parcial,
de ojos empañados, de un punto de vista
demasiado estrecho, elegido para
defender nuestras certezas.
La ceguera de nacimiento
se consideraba un signo de pecado:
un castigo divino visible,
que denunciaba la culpa de los padres.
Pero Jesús, que vino a revelar
el rostro auténtico del Padre,
desmonta esta lógica.
© Monache benedettine del monastero di Sant’Anna a Bastia Umbra,
Schizzi di Vangelo, Paoline 2025

