“¡Vete, Satanás!
Porque está escrito:
“Adorarás al Señor, tu Dios,
y solo a él darás culto”.
El camino cuaresmal comienza
en el desierto: lugar paradigmático de la fe,
que recorre toda la Escritura como
un hilo conductor. Jesús, el Hijo amado,
no podía sustraerse a esta experiencia
antropológica y teológica: en el silencio,
en el hambre, en la soledad, se enfrenta
a Satanás, pero también a sí mismo,
a esa parte de sí que anhela ser saciado
de inmediato, dominar. Y, sin embargo,
allí mismo, muestra a toda la humanidad
el camino a la victoria, que es la obediencia,
la confianza en el Padre.
Esta es la libertad, que no consiste
en hacer lo que uno quiere,
sino en querer lo que es justo,
bueno y verdadero. En Jesús, cada uno
puede encontrar la fuerza para no caer
en los delirios de omnipotencia
o en las trampas del egoísmo.
© Monache benedettine del monastero di Sant’Anna a Bastia Umbra,
Schizzi di Vangelo, Paoline 2025

