Segundo domingo de Adviento 2020

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Revestirse de Cristo

En el pasaje del Evangelio, se nos presenta a Juan el Bautista decidido a proclamar la conversión a través del bautismo. Marcos no hace otra cosa que invitar a cada uno de nosotros a revestirse de Cristo, de su vivir, de su modo de pensar y actuar. En definitiva revestirse del Evangelio, del amor de Dios por mí, de la lógica del bien, única manera de atravesar lo cotidiano marcado por la muerte, y la muerte última, viviendo para siempre (cf. Rom 13, 14).

Juan se alimenta de miel silvestre. La miel en toda la Biblia es símbolo de la Palabra de Dios. Fuera de esta metáfora: si en el desierto de nuestras existencia, donde todo tiene sabor de muerte, de derrota, de maldad, comenzamos a alimentarnos de la Palabra de Dios, es decir, a ‘hacer  experiencia’ del Amor que vence la muerte, entonces aprenderemos a destruir esa ‘serpiente’ que ha querido desde siempre inocularnos la tremenda idea venenosa de Dios como padre-patrón, vengativo y tremendo juez y así encaminarnos en forma expedita hacia su abrazo de misericordia y bondad, al lugar pensado para nosotros desde siempre, nuestra verdadera Tierra Prometida.

Y allí, alimentados de este amor, conscientes que somos hijos amados, revestidos en definitiva de los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2, 5), podamos superar la misma muerte, capaces finalmente de amar.

Tomado de las Homilías de padre Paolo Scquizzato


Su salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Salmo 84, 10

 


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