Vio que habían quitado
la piedra de la entrada del sepulcro.
« Lo esencial es invisible a los ojos»,
escribe Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.
La Pascua es precisamente eso: revelación de lo invisible,
irrupción de lo divino en el tejido ordinario de nuestro tiempo,
presencia que se manifiesta en forma de ausencia.
El Resucitado no se muestra como una aparición espectacular
que impone la fe con la fuerza de la evidencia, sino que se deja
descubrir en los signos inesperados, en las palabras susurradas,
en los encuentros que calientan el corazón.
Cuando nosotros ponemos
la palabra “fin”, Dios decide volver a empezar.
Y lo hace partiendo de y con una mujer:
María Magdalena, la discípula con los ojos secos de lágrimas,
la primera anunciadora del Resucitado, «apóstola de los apóstoles»,
como la define santo Tomás de Aquino.
© Monache benedettine del monastero di Sant’Anna a Bastia Umbra,
Schizzi di Vangelo, Paoline 2025

