2º domingo de Adviento 2018

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Escucha su Palabra

La palabra de Dios vino a Juan, en el desierto. (Lc 3,2)

Quizás tú también buscas el sentido profundo de la historia, de los eventos que vives, de las personas que conoces, de las calles que recorres, de las emociones que sientes, de las contradicciones que soportas y del futuro que sueñas. El Evangelio de este segundo domingo de Adviento, aquí nos ofrece “la llave” para abrir las puertas de los significados más ocultos de la vida, una especie de passepartout: la Palabra de Dios.

Para encontrar este tesoro, que todo abre y todo ilumina, será necesario entrar entre las líneas de los eventos, aquellos verdaderos, los que realmente sucedieron, los que tienen una fecha histórica, un lugar geográfico y un contexto sociopolítico. Jesús no es fake news, una noticia falsa, esto es tan cierto que el evangelista Lucas, que entiende de historia, lo demuestra desenfundando a siete personajes muy específicos: el emperador romano Tiberio César, el gobernador Poncio Pilato, Herodes el tetrarca de Galilea y Felipe, su hermano, el tetrarca de Iturea y Traconitide y Lisània y el tetrarca de Abilene, bajo los sumos sacerdotes Anna y Caifás.

Después de este cuadro histórico, atestado de poderosos, el texto del Evangelio nos arroja en el desierto y sus fascinantes silencios. ¿Para hacer qué? Para aprender a escuchar y distinguir los pasos de la palabra de Dios en la historia de los pueblos. El desierto en lengua hebraica, midbar, se refiere directamente a la palabra de Dios, dabar Adonai, pero también a las praderas, al pasto, dober, donde los animales encuentran alimento. El desierto ofrece una comida muy sobria, esencial, no miente, no te usa y no te hace morir. Juan lo sabe, él quien, después de años en el desierto, en un entrenamiento continuo al silencio y a la escucha de la Palabra, ha recogido la miel de la contemplación, la flor de su identidad y el perfume de su misión: indicar a todos, a Jesús, salvación de cada hombre. También a ti el desierto te contará el secreto de los profetas que cambiaron el mundo: ¡escucha y entenderás!

Ecos de los salmos

Cambió los desiertos en lagos
y la tierra reseca en manantiales de agua.
Allá estableció a la gente hambrienta,
y ellos fundaron una ciudad donde habitar.

(Sal 107,35-36)

Francesca Pratillo, fsp

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