El rostro de la Comunión

Ewa Głowińska, fsp

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En la vida cada tanto es bueno detenerse, sobre todo para nosotros religiosos. Es verdad, que no faltan las ocasiones: los ejercicios espirituales, los retiros, las profundizaciones… ¡Pero es importante también tomarse un tiempo para mirarse dentro y alrededor, mirando radical y globalmente el camino recorrido!

Después de veinte años entre las Hijas de San Pablo, el Espíritu me ha hecho vivir una experiencia “singular”. Pero no he llegado sola. Cuando he recibido la propuesta de padre Marko Rupnik de participar al Atelier de Teología del Cardinal Špidlík, en el Centro Aletti en Roma, lo he recibido con la misma sonrisa de Sara, la matriarca bíblica, cuando se le anunció el nacimiento de su hijo Isaac. Ante aquella invitación pensé que era una cosa muy bella, pero más allá de mis reales posibilidades. Considerando los compromisos que tenía ‒ entre el consejo de delegación y nuestra pequeña, pero rica realidad en Polonia, ‒ me parecía irrealizable. En cambio todo se ha realizado, como un milagro del Señor.

El Atelier de Teología es un lugar de singular y concreta belleza. La experiencia está dirigida a pequeños grupos de laicos, religiosos y sacerdotes, y consiste en la profundización del misterio de Cristo, descubriendo el bautismo, en una lógica de comunión y de vida nueva en el único Espíritu. El vivir y estudiar juntos, entre la oración y las celebraciones litúrgicas, favorece una asimilación del pensamiento de Cristo y de la Iglesia, según una perspectiva experiencial típica de la época patrística, donde no existía fractura entre sentir y vivir, entre reflexión teológica y mirada de fe.

Partiendo de la vida ‒ y no de los conceptos ‒, el Atelier favorece el descubrimiento del lenguaje simbólico-sapiencial, más bien que aquel abstracto-argumentativo, reponiendo al centro la vida espiritual. Se nos ha introducido por segunda vez en los propios conocimientos teológicos y en la propia experiencia de fe, a partir de un punto de perspectiva más profundo y unitario, donde se respira la alegría de la comunión en el único cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

El tiempo pasado en el Atelier ha sido para mí muy importante y, diría, fundamental, aunque breve. Nueve meses son pocos para asimilar los encuentros propuestos, pero suficientes para vivir la profundidad y la belleza de la comunión con Dios y las hermanas y hermanos con los cuales he vivido una experiencia viva de Iglesia y por lo tanto, (en lo posible y no obstante nuestros límites) del modo de vivir que viene de la Trinidad. De esta comunión que es amor, ha nacido un conocimiento auténtico. En el Atelier se experimenta la Iglesia en la riqueza de la diversidad de los carismas, de los dones, del estado de vida, y se descubre una unidad que solos non se puede obtener, la verdadera dimensión de la comunión, que no es igualdad, paridad…sino acogida de lo diverso, del otro.

La relación, es el gran problema de la sociedad actual. El malestar que experimentamos ante la diversidad nos hace estandarizar cada cosa, según las leyes y reglas, hasta lograr borrar los rostros de los demás. Sin el rostro, no podemos estar en relación. La vida trinitaria es dono gratuito pero también un desafío, es la fuente y el punto de llegada de la evangelización. Pienso que esta comunión en el único Espíritu de Dios esté el único futuro de la Iglesia.

«Así dice el Señor: “Deténganse y reflexionen; pregunten cómo se comportaban sus mayores, cuál es el buen camino y síganlo. Así hallarán reposo”» (Jer 6,16).

Esta es la gracia que he recibido: poderme detener, informarme de los caminos del pasado, emprender el camino justo y encontrar paz. Todo esto al plural, con los otros, en comunión.

Ewa Głowińska, fsp


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