Confiarse en Dios

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Queridas hermanas:

El aniversario del nacimiento al cielo de Maestra Tecla nos encuentra como todos los años reunidas en el recuerdo, en la oración, en el deseo de imitar su docilidad a la voluntad de Dios y su gran amor al Evangelio. A medida que penetramos en su vida, también a través de sus muchas cartas, escritas a las hermanas (más de diez mil), quedamos cada vez más fascinadas de su sencillez y de aquel calor humano que la hacían cercana a cada persona. Para la Primera Maestra era motivo de sufrimiento no poder responder siempre a las cartas de sus “hijas” esparcidas en el mundo o no responder con bastante prontitud. Entonces, con gran ternura, escribía en su circular interna: «Si no reciben, no digan que las he olvidado. No. Las llevo a todas en mi corazón: cada día las encomiendo al Señor y las pongo bajo el manto de la Virgen» (VPC 112).

«… Las pienso siempre, vivo con ustedes, las veo, las sigo, estoy unida a ustedes, las quiero mucho, deseo mucho verlas, me viene un gran deseo de partir para encontrarlas…»: son las expresiones que prefería, junto a la cita que daba a cada una ante el tabernáculo: «A los pies del tabernáculo estaremos siempre unidas… ¡Allí el encuentro!».

Difícil y a veces “fatigosa” fue la colaboración con el Fundador. Le requirió fuerza moral y física, a veces hasta el heroísmo para afrontar y conducir el camino de la Congregación, siempre llena de problemas y dificultades. Pero la experiencia de la pobreza nunca la desalentó; fue la luz que le permitió considerar, con consciencia y al mismo tiempo con alegría, su propia impotencia y el poder de Jesús. Anotaba en sus libretas: «Él puede todo. Él sabe todo. Él está en mí: me inspira, me conduce, me sostiene».

Su presencia fue indispensable para el crecimiento de la Congregación y el desarrollo de la Familia Paulina. Don Alberione mismo lo reconocía: «Quizás menos evidente es este punto: cómo ella directa o indirectamente, y no solo con sus muchas oraciones, contribuyó a las otras instituciones de la Familia Paulina… Sentía las dificultades, se alegraba del desarrollo, se informaba; en su última enfermedad recordaba y rezaba» (CVV 264).

Siempre ponía a Maestra Tecla como ejemplo de fidelidad a la voluntad de Dios: «Venerar siempre la palabra de la Primera Maestra y tomarla no sólo como voluntad de Dios, sino como si fuese el pensamiento del Primer Maestro, porque no existen dos pensamientos, sino uno solo, que creo sea el pensamiento y el deseo de Dios… creo sea el camino de la santidad para ustedes y para el progreso de la Congregación» (FSP54, p. 155).

Celebrando la memoria de su retorno al Padre, renovemos el compromiso de dar a conocer a esta nuestra Madre e invochemos su intervención ante cada necesidad. Con este fin se ha preparado una pista de “Novena” titulada Confiarse en Dios, ya traducida en los idiomas principales, para pedir gracias por intercesión de Maestra Tecla. Difundamos a manos llenas y con entusiasmo este pequeño pero valioso opúsculo para invitar al pueblo a invocarla y a recurrir a su intercesión, para obtener el milagro que esperamos para su beatificación.

Recordemos la exhortación de la primera Maestra: «El Señor no te da lo que pides, sino lo que crees». Creamos y pidamos todas juntas a través de la oración, de vivir de sus grandes amores: Jesús Maestro, la Eucaristía, la Iglesia y el Evangelio anunciado a todos los pueblos con los nuevos lenguajes de la comunicación, hasta el completo sacrificio. A ella, le confiamos la preparación del próximo Capitulo general, para que sea un evento rico de gracia y de profecía paulina.

Con afecto.

sor Anna Maria Parenzan
Superiora general

Allegati