Solemnidad de la Madre de Dios 2019

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CUSTODIA TU HISTORIA

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2,19).

Tal vez te ha sucedido también a ti de custodiar en el corazón la escucha de palabras misteriosas, eventos poco claros, encuentros inolvidables, vivos recuerdos que han producido nuevos sentidos, generando fresca conciencia y pasos inéditos. Tejer los diversos fragmentos de la vida con el hilo de la memoria, significa permitir al Misterio de revelar el sentido y la dirección del camino.

Precisamente al inicio de un nuevo año, ¡la vida te da los augurios y te propone una gozosa aventura! Pero no te deja solo/a, te confía a una compañera de viaje: su nombre es María de Nazaret. El evangelista Lucas, la presenta como la maestra de la escucha y de la memoria, que no deja caer el tiempo en el olvido. Una mujer que a través de la constante meditación de las Sagradas Escrituras llega a ser capaz de custodiar cada fragmento de su propia historia y de leerla en los caminos de Dios. De ahí su actividad contemplativa (cf. Lc 2,19.51), María asume incluso, un nuevo nombre: la symballousa. El verbo symballo (formado por syn = con, y ballo = lanzar- lanzamiento) significa poner junto, para converger, acercarse a partes lejanas, separadas, unir diversos pedazos entre ellos. Entonces, María «hace unidad» entre trozos de experiencia, entre cosas tan diversas y nos enseña que para comprender la propia identidad, la propia vocación, es indispensable depositar y amalgamar los opuestos de la vida en el fuego de la Palabra. Sólo a la luz de la Palabra meditada y conservada en el corazón las contradicciones adquieren significado. Y ahora ¿Qué esperas?

Sumérgete en la profundidad de tu corazón, sin miedo. ¡María te toma de la mano, como un día hizo con Jesús y te conduce lentamente en el silencio de la oración, para escuchar la voz de las Escrituras y reunir entorno a la Palabra todos los fragmentos de tu vida, esparcidos en el tiempo, como perlas preciosas de único collar!

Ecos salmicos:

Un canto en la noche regresa a mi corazón:
lo medito y mi espíritu se interroga.
Recuerdo los prodigios del Señor,
sí, recuerdo tus maravillas de otros tiempos
(Sal 77,7.12)

Francesca Pratillo, fsp
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