2do domingo de Cuaresma

Escúchenlo!

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Escúchenlo!

Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte, a un monte elevado. Allí se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto, se les aparecieron Moisés y Elías, conversando con Él. Pedro, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré tres carpas, una para tí, una para Moisés y una para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, amado: en quien me complazco. Escúchenlo». (Mt 17,1-5)

La transfiguración es una cuestión de ojos: Jesús lleva a sus amigos al monte y dona a ellos ojos nuevos, capaces de ver más allá. A través de la pobre humanidad del Carpintero de Nazaret, pueden contemplar la belleza del Hijo de Dios. La divinidad que ahora brilla por un momento, libera de la opacidad, la fragilidad de la condición humana. Jesús prepara a los suyos a lo que sucederá después, cuando lo verán humillado y crucificado, hecho escarnio y masacrado. En ese momento se les pedirá, nuevamente, de ver más allá, pero no lo lograrán. Solo en Pentecostés tendrán finalmente ojos para ver en Jesús la plenitud de la divinidad.

Un monte también para mi
Te ruego, Jesús, para que tenga ojos
para reconocerte Señor.
Que en mis pruebas
también haya para mí «un monte»
al que Tú me lleves para romper
la niebla de la incredulidad
y de la desesperanza.

Amén.

Tomado del libro Il Vangelo si fa strada di Roberta Vinerba, Paolinas 2019


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