Solemnidad de Jesucristo Divino Maestro 2018

Carta de Sor Anna Maria Parenzan, Superiora general

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São Paulo, 28 de octubre de 2018
Solemnidad de Jesús el Divino Maestro

A todas las hermanas

Queridas hermanas:

La preparación al 11° Capítulo general se intensifica a través del inicio de los Encuentros de delegación y de los Capítulos provinciales que nos verán empeñadas, en fechas diversas, hasta la mitad del próximo mes de febrero. Ahora tenemos ya en nuestras manos el Esbozo del Instrumento de trabajo sobre el cual se concentrará la reflexión y el discernimiento de estos importantes encuentros. Cada una de nosotras puede sumergirse ya en esta lectura, poniéndose en escucha de los apelos del Espíritu que nos habla a través de los signos de los tiempos, la realidad del mundo, de la Iglesia y de la congregación. Sobre todo cogiendo, del Pacto la clave de discernimiento, para el momento actual y la luz para iniciar con fe y coraje aquellos procesos de transformación que la congregación, necesita hoy. La gracia de la vocación está depositada en nosotras, debilísimas, ignorantes, incapaces e insuficientes en todo para que, según las palabras del Apóstol, habite en nosotras la potencia de Cristo (cf. 2Co 12,9), una potencia que se manifiesta plenamente precisamente en esta debilidad.

Hace poco ha concluido el Encuentro Internacional de Apostolado-Economía, en el cual hemos contemplado el don espléndido de la misión paulina y en particular la “gracia del apostolado” editorial como expresión eminente de la docencia paulina. Juntas, hemos acogido la visión de futuro del Fundador al habernos impulsado hacia horizontes siempre más vastos. Hemos vuelto a sentir, toda la energía profética del carisma y la necesidad de confiar al Maestro nuestra pobreza, para que nos ayude a redescubrir la dimensión creativa y de consecuencia aquella bíblica, catequística y ecuménica de nuestra vocación.

Nos es de gran inspiración, también hoy, la fe de Maestra Tecla. Sor Rosaria Visco contaba (1916-2005):

Cuando padre Alberione quería que las religiosas iniciaran la obra de redacción, elaboraran textos de catecismo y dieran vida a la revista femenina Così, M. Tecla no vaciló jamás, no dudó y no se dejó tentar por el desaliento. ¡Cuántas veces nosotras estábamos desalentadas y ella nos llamaba con decisión y firmeza a tener fe en Dios y en las gracias de la vocación! Si las cosas eran difíciles, arduas, completamente nuevas y humanamente superiores a las fuerzas y a la preparación, ella siempre decía: “¡Tenemos que poner fe, pero… de aquella! Y debemos rezar, porque la oración es nuestra fuerza y la debilidad de Dios”. Vivía y quería que viviésemos el secreto de éxito…

Y sor Ignazia Balla (1909-2003), recordaba: «M. Tecla tenía la audacia y el ardor de la apóstola que mira lejos, apoyada por la fe y por la fuerza de un gran ideal… Repetía: “No debemos perder jamás la convicción que somos buenas para nada y que es el Señor el que hace”».

El Maestro Divino nos done profundizar las implicancias del ser “mujeres de la Palabra”, “mujeres de la alianza”, apóstolas que con fe y humildad, se alimentan de la Palabra, tienen “alta la Palabra”, la revisten con los colores de la belleza, la desmigan para que pueda tocar los corazones de todos y pueda llevar luz, esperanza, paz, amor y acogida. El Espíritu nos done, la capacidad de soñar cosas grandes y bellas para la misión en la convicción que la fe puede cumplir, también hoy, verdaderos y propios milagros.

Gracias de corazón a las hermanas que, en el curso de los años, han tenido viva y luminosa la llama de la vocación redaccional y catequística; una llama que, deseamos, continúe irradiando la luz de la fe y de la esperanza sobre la humanidad de hoy.

Buena fiesta de Jesús Maestro a todas, con gran afecto.

sor Anna Maria Parenzan
Superiora general


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