El santo Evangelio…

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Sólo tengo que poner los ojos
en el santo Evangelio para respirar
los perfumes de la vida de Jesús
y saber hacia dónde correr…
No me abalanzo al primer puesto, sino al último…

Sí, estoy segura de que, aunque tuviera
sobre la conciencia todos los pecados
que pueden cometerse, iría,
con el corazón roto de arrepentimiento,
a echarme en brazos de Jesús,
pues sé cómo ama al hijo pródigo
que vuelve a é.

Teresita del Niño Jesús, Historia de un alma

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