Al Papa Francisco todo el amor y la solidaridad

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Roma, 14 de septiembre de 2018
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

 

Queridas hermanas:

En el torbellino de las noticias de estas últimas semanas, llego a ustedes con gran confianza para solicitar una total acogida, afectuosa y solidaria a las fuertes e incisivas palabras que Papa Francisco, ha enviado a toda la Iglesia, a través de la Carta al Pueblo de Dios, el pasado 20 de agosto. Es una carta en la que con profundos acentos de dolor, el Papa pide oración, penitencia y ayuno para vivir la gran prueba de los abusos que la Iglesia está experimentando en todas partes del mundo.

Nos enfrentamos a un apelo verdaderamente profético a la conversión. En efecto, Papa Francisco nos recuerda que «la dimensión y la magnitud de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria».

La invitación es apremiante: estamos llamadas a ponernos de rodillas, para pedir perdón y sentir vergüenza «cuando nos damos cuenta que nuestro estilo de vida ha negado y niega lo que recitamos con nuestra voz». ¡Cuán verdaderas son también estas palabras en nuestra experiencia cotidiana! Nos done el Espíritu de luchar cada día contra “todo tipo de corrupción”, de vivir en aquella continua «conversión personal y comunitaria que nos lleva a mirar a la misma dirección donde mira el Señor, a permacer donde Él quiere que estemos, a convertir el corazón a su presencia», a empeñarnos en el ejercicio de la oración y del ayuno «para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de consciencia». Este momento de sufrimiento para toda la Iglesia puede transformarse en gracia para una renovada autenticidad de vida.

Se ha escrito que, si la primera noche de su “pontificado”, Francisco se inclinó para recibir la bendición silenciosa del pueblo de Dios, con esta Carta se arrodilla para pedir perdón.

Como Congregación, queremos acoger con ánimo grato las palabras del Papa, involucrándonos por completo en esa «transformación eclesial y social que tanto necesitamos». Desde lo más profundo del corazón deseamos expresarle, todo el amor, la solidaridad y la cercanía en este momento de sufrimiento. «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él» (1Co 12,26). Sufrimos con el Papa, renovamos la comunión y la fidelidad a su magisterio, apoyamos con todas las fuerzas, en los diálogos y en el ejercicio de la misión, el Proyecto de renovación de la Iglesia, al cual él mismo, personalmente, está dando un gran impulso.

Juntas agradecemos a Papa Francisco por su magisterio, hecho de gestos más que de palabras, por su testimonio de fe, de humildad y de simplicidad, de desapego y de pobreza, que continuamente nos brinda. Y le aseguramos la oferta y la oración cotidiana por él, una oración que brota espontánea del corazón y abraza las necesidades del mundo entero.

sor. Anna Maria Parenzan
Superiora general


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