Carta de Navidad 2017

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Queridas hermanas:

¡Es Navidad! Resuena el jubiloso anuncio: «Hoy ha nacido Cristo el Señor» (Lc 2,11). El viene acomodado por María en la nueva gruta que es nuestra tierra, nuestra historia, nuestro corazón. El viene como salvación, como Emanuel, el Dios con nosotros. Somos una gruta pobre, vacía y despojada, pero en ella brilla la Luz Esplendida, Cristo el Señor (cf. 2Cor 4,6).

María y José han recorrido los caminos de su tiempo, han experimentado el drama del rechazo: «No hay lugar para ellos en el albergue». Este albergue que se cierra a la acogida y que hoy es símbolo de nuestras sociedades, donde muchas personas «no encuentran lugar» y son heridas en su propia dignidad; donde tantos hermanos y hermanas no experimentan la luz y el consuelo de Jesús, no tienen un horizonte de sentido de vida; donde también nosotros podemos no hacer espacio y encerrarnos en aquellas comodidades que nos parecen garantizarnos tranquilidad y seguridad (cf. EG 49). Acojamos la invitación de hacer un lugar para Jesús para llegar a ser un pobre pesebre que recibe, en total gratuidad, el Verbo del Padre y lo dona a los demás.

En la pobreza del Niño de Belén se esconde la riqueza inagotable de Dios: «El cual siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos a través de su pobreza» (2Cor 8,9). Para nosotras, la Navidad es un llamado a la pobreza evangélica, a la humildad y a la mansedumbre; es una invitación a volver a sentir nuestra responsabilidad histórica y profética para poner la vida, el tiempo, las energías y los talentos al servicio del Evangelio (cf. Const. 12); para ser atentas al clamor de los pobres y solidarias con ellos (Const. 45); para abandonar la vida en las manos del Padre depositando en Él toda confianza.

Augurios a nuestros colaboradores y Cooperadores, que sostienen con entusiasmo la misión en todo el mundo. Augurios a las jóvenes en formación y a nuestras comunidades, especialmente a las que en el curso del año 2017, han sido probadas por calamidades naturales, por las guerras, por gran inestabilidad política. Augurios a las hermanas ancianas y enfermas que, en el sufrimiento, aseguran fecundidad a la misión paulina.

Los augurios de don Alberione a Maestra Tecla, colmo de ternura, marque también este año nuestra Navidad: «La Reina y Madre nuestra, hoy nos presenta al Niño Jesús realizando su apostolado. Lo deje en tus brazos y en tu corazón para no abandonarlo más. Llévalo cada día con más amor» (LMT 71).

Con afecto.

sor. Anna Maria Parenzan
superiora general


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