“Jesús nos da una gran lección para vencer las tentaciones. El diablo tentó a Jesús primero con el hambre, después con el orgullo y por último con la avaricia, pero Jesús venció a las diabólicas invitaciones, oponiéndolas con las enseñanzas de la Escritura. La Escritura vence con la verdad. A la mentira opone la verdad”.
(Alberione)
La narración de las tentaciones de Jesús traza el camino y la lucha que estamos llamadas a realizar en nuestro camino de fe. Superando toda tentación con la fuerza de la Palabra de Dios, Jesús nos muestra que la liberación es sobre todo interior. Para poseernos a nosotros mismos y alcanzar la libertad de vivir en el don y en el amor, es necesario superar deseos, sentimientos e instintos que encontramos en nuestro corazón: el egoísmo, la búsqueda ansiosa de los bienes materiales y la ilusión del éxito inmediato.
El camino indicado y vivido por Jesús es el de recurrir a la memoria de la Palabra y responder a la tentación con una Palabra de Dios apropiada, repetida silenciosamente a nosotros mismos. Entonces la Sagrada Escritura se convierte en fuente de liberación interior.
Toda Palabra converge y se realiza en Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Por esto el apóstol Pablo nos recuerda: “Si proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás” (Rom.10, 9). Reconocer a Jesús como nuestro único Salvador, como Persona viva que nos ama, nos transforma desde dentro, abriéndonos continuamente al gozo de la verdadera libertad y del amor.
A.B., fsp
Oremos
Oh Dios, nuestro Padre,
con la celebración de esta Cuaresma,
signo sacramental de nuestra conversión,
concede a nosotros tus fieles, crecer en conocimiento del misterio de Cristo
y de testimoniarlo con una digna conducta de vida.
(oración de Colecta)