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MIÉRCOLES DE CENIZA
Jl 12,12-18; 2 Cor 5,20-6,2; Mt 6,1-6,16-18

   

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

La Cuaresma es como un gran retiro hecho
por los cristianos que se preparan
a la vida nueva y a la resurrección en Cristo.
Beato Santiago Alberione

La Cuaresma es un tiempo de salvación, de oración y de penitencia más intensa. Es el tiempo para realizar un verdadero cambio y renovación, para volver a respirar a pleno pulmón, para poner orden en las muchas confusiones, para establecer relaciones auténticas, para reemprender el diálogo interrumpido y para gustar el verdadero reposo.

INVITACIÓN A LA CONVERSIÓN  I II III IV V ramos

Día de esperanza, de purificación del corazón, de la mente y de la voluntad, para recibir el gran don de la Pascua de Resurrección. Hoy el Evangelio nos dice que al Padre le agrada la limosna, la oración y el ayuno, practicados en el modo por Él indicado:

  • limosna: que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha,
  • oración: intimidad con Dios para asumir su voluntad,
  • ayuno: ayuda a encontrar a Dios, a comprender a quien tiene hambre, y quizás también hacer ayuno televisivo.

Hoy la Iglesia impone la ceniza en la frente del cristiano, un antiquísimo rito que va acompañado con estas palabras “ Conviértanse y crean en el Evangelio”, quiere despertar una conciencia de adhesión total a Dios que nos llama a la plenitud de vida. Es el mejor momento para recordarnos que por el bautismo, tenemos el poder y la tarea de interceder por todos.

“Recuérdate hombre, que eres polvo y en polvo te convertirás”. “Es la amonestación con la cual hoy la Iglesia nos invita a la penitencia, ya que el pecado, siempre o casi siempre, es la sobre valoración del dinero o de las cosas, de la carne o del hombre…

Por esta sobre valoración se pierde a Dios y también se arruina la serenidad de la vida terrena” (Card. Lercaro).

Sin embargo, en la escucha más frecuente de la Palabra de Dios, es donde se expresa mayormente el espíritu de la cuaresma, porque la Palabra suscita la voluntad de conversión, despierta la fe, propone el significado del misterio pascual, provoca el diálogo, o sea, la respuesta de la oración.

Hagamos silencio antes de escuchar la Palabra,
porque nuestros pensamientos
ya están dirigidos a la Palabra.
Hagamos silencio después
de escuchar la Palabra,
porque ésta nos sigue hablando,
vive y demora en nosotros.
Hagamos silencio en la mañana temprano,
porque Dios debe recibir la primera Palabra.
Hagamos silencio antes de acostarnos,
porque la última Palabra pertenece a Dios.
Hagamos silencio sólo por amor de la Palabra.
                                                              (D. Bonhoeffer)

- Sr. Antonietta Vivian, fsp