Jn 1, 1-14.
Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios. Ya al principio ella estaba junto a Dios. Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; la luz resplandece en la oscuridad, y la oscuridad no pudo sofocarla... Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros;
y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
“La Palabra se hizo carne y vino a habitar entre nosotros”. Hemos llegado a la Navidad del Señor: jornada de adoración, hoy; aún más, jornada de contemplación, como deseaba el beato Alberione: “contemplación del pesebre”!
¿Qué temas? ¿Qué actitudes asumir? Nos lo sugiere el mismo don Alberione:
«Representemos al vivo la gruta, el pesebre, el buey y el asno; después a José, María y el Niño. Adoremos con los Ángeles.
El pesebre es (…) la primera cátedra del Maestro Divino. A las almas piadosas y dóciles, Él enseña callando: la humildad, la pobreza, la paciencia. La humildad: siendo Dios, se humilló, se aniquiló a sí mismo a la presencia de Dios y de los hombres; y se mostró como hombre, aún más, como niño. Aprendamos a desaparecer: «Sería una intolerable imprudencia si el gusano se inflara y se enorgulleciera, mientras que la majestad se aniquiló». La pobreza: Jesús tiene por casa, una gruta; por cuna un pesebre, por lecho un poco de paja, por pañales género rústico. Y sin embargo Él es Dios verdadero, de Dios verdadero; por el que todo fue creado. Él predicará después: Bienaventurados los pobres. La paciencia: Vino en su nación, pero no fue recibido; por el contrario, fue buscado para darle muerte. Y sin embargo, olvidado, calla; como callará cuando será acusado y condenado. Aprende el silencio sólo de quien sufre por Jesucristo. Propósito. – Hoy entro en la escuela de este Divino Maestro, para quedar con Él todos los días de mi vida».1
Esta es una invitación para cada uno de nosotros: entrar y permanecer en la escuela del Divino Maestro: “¡Permanezcan en mi amor”! buscando ante todo de adquirir las virtudes propias de Jesús Niño: humildad, pobreza, paciencia. El beato Alberione ya las había indicado como los “documentos” para ser inscritos en la escuela de Belén: “Pobreza, humildad y mortificación son documentos para entrar en la escuela de Jesús”.2
G.G.
Oremos
Te bendigo, Señor,
porque has cumplido las promesas anunciadas a los profetas.
Te bendigo, Espíritu Santo, descendido en María;
te bendigo, Hijo divino, que te has encarnado,
para establecer en la tierra el reino de la verdad,
de la santidad y de la gracia.
Adoro este misterio de poder y de amor.
¡Esta es la salvación para todos los pueblos!
(Don Alberione)
1 G. Alberione, Brevi meditazioni per ogni giorno dell’anno, II, (1948), p.174-176. 2 G. Alberione, Donec formetur Christus in vobis, p.41.