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4º Domingo de Adviento

Lc 1, 39-48.
Por aquellos días María se puso en camino y fue de prisa  a la montaña , a una ciudad
de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo
de María,  el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó
a grandes voces: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga  a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo
el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído ! Porque lo que te ha dicho
el Señor se cumplirá". Entonces María dijo: "Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque  ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones.  

El cuarto domingo de Adviento, este año coincide con la vigilia de Navidad. Por tanto, éste ya está totalmente envuelto por la luz del evento inminente. La preparación inmediata nos la ofrece el conocido canto de Isabel en ocasión de la visita que le hace María. A través de las palabras de Isabel, “plena de Espíritu Santo”, podemos comprender cómo el Espíritu Santo mismo nos presenta a María. María es proclamada ante todo la “bendecida entre las mujeres”,  e indica que en ella está presente y operante Dios mismo; por tanto es declarada “beata”, no sólo por haber sido elegida como madre de Jesús, sino por el hecho que ella “ha creído en el cumplimiento de las palabras del Señor”.

Por tanto, el domingo de hoy, nos permite acercarnos al nacimiento de Jesús, meditando ante todo el prodigio que el Espíritu ha obrado en su Madre. Las múltiples virtudes con las cuales el Espíritu ha enriquecido a la persona de María son muy significativas para don Alberione:

«En su vida predomina: la virtud de la humildad: el episodio de la 'anunciación lo manifiesta. Después la virtud de la carità: el episodio de la visita a S. Isabel lo demuestra. Luego el amor a Dios: el cántico “Magnificat” es una centella y su muerte de amor lo sella.
Vida de fe: por esto Isabel la declaró beata: Beata tú qué has creído.
Vida de obediencia: amorosa y total: “He aquí la esclava del Señor; se haga en mí como has dicho”.
Vida de trabajo; en la casa de Nazaret fue la mujer fuerte, solícita, delicadísima.
Vida de paciencia; ya que siete dolores grandes la probaron; al final, en el Calvario, sobre pasó toda imaginación».1

Humildad, caridad, amor a Dios, fe, obediencia, trabajo, paciencia... Don Alberione no se ha cansado de detenerse en contemplación sobre estas virtudes de María, y hoy las invoca para nosotras. El corazón de la espiritualidad apostólica propuesta por el beato Alberione, de hecho, es encarnación mística de Cristo Jesús en nuestra persona. Esto requiere que Cristo encarnado en nosotros crezca y se desarrolle hasta que el mismo Jesús sea formado en la persona y realice la santificación de la mente, de la voluntad y del corazón. ¡Tal prodigio lo sigue realizando aún el Espíritu, con nuestra cooperación: y el Espíritu obra de manera prodigiosa cuando encuentra las mismas disposiciones de Maria!

Nuestra oración, de esta jornada, estará ritmada por el versículo del salmo responsorial: Haz resplandecer tu rostro y sálvanos, Señor. Mientras elevamos al Padre la invocación, ya entrevemos su realización. Pasarán pocas horas y podremos ver el rostro amable del Hijo de Dios encarnado, e rostro del Salvador. Todo ha sido posible por aquel amén pronunciado por el Hijo: “Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro” (Heb 10,7).

G.G.

María, penetrada por el amor de Dios, va espontáneamente hacia los que tienen necesidad de ayuda. Po intercesión de María, digamos:  Ven, Señor Jesús, hijo de María.

  • Señor Jesús, Astro que surges, asómate con tu luz, para que podamos comprender que nuestra vida tiene en Ti tienen el más intenso significado y experimentar la alegría de ser amados por ti.
  • Señor Jesús, Siervo de la humanidad, haz que podamos comprender lo bello que es comprometernos a servir a los demás en el don libre y gratuito de nuestra vida.
  • Señor Jesús, por el misterio de tu encarnación, haz que todos los hombres y mujeres del mundo cooperen en la construcción de una humanidad en la que reinan respeto, fraternidad
    y paz.

Oremos
Tú, Señor, en el anuncio del Ángel, has querido que María concibiera al Verbo, por obra del Espíritu y se transformara en templo de la nueva alianza. Haz que con alegría y amor acojamos y adhiramos a tu voluntad, como la Virgen se confió en tu Palabra, convirtiéndose en la Madre de Dios y de todos nosotros. Amén.

1 G. Alberione, Maria Regina degli Apostoli, II ed., 1954, pp.62-63.

1º Domingo

"Preparémonos
a las fiestas de Navidad con santa aspiración
y con el cambio
de nuestra vida..."

2º Domingo

"El que recurre
a María Santísima. Tendrá mucha gracia
de Dios, amará mucho
al Señor..."

3º Domingo

Es necesario decidirse, tomar posición;
o con Cristo
o contra Cristo.

4º Domingo

María es proclamada
ante todo la “bendecida entre las mujeres”,
 e indica que en ella
está presente y operante Dios mismo

Navidad