3º Domingo de Adviento Lc 3, 10-18. La tarea de preparación a la Navidad es exigente. El texto de Evangelio sobre el cual estamos llamadas a meditar hoy nos presenta una vez más la Palabra de Juan Bautista: ésta nos pone en continuidad con las dos actitudes sobre las cuales estamos interpeladas la semana pasada: humildad y arrepentimiento de los pecados. En cuanto a la humildad, el Bautista es un ejemplo viviente. Frente a la perspectiva de ser considerado como el mesías esperado, él rechaza decididamente: “Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar las correas de sus sandalias”... Juan quiere quedar siempre en segundo plano, siempre indica a Jesús, siempre remite a Él: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30). ¡Una identidad clara que reconduce a una relación intensa! El “arrepentimiento de los pecados”, si es auténtico, lleva a decisiones concretas de vida renovada. La pregunta que las multitudes dirigen a Juan Bautista “¿qué tenemos que hacer?” es también nuestra pregunta de hoy. La respuesta del Bautista vierte sobre tres direcciones: la caridad (“El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene...”); la justicia (“No exijan nada más de lo que ha sido fijado”); la no-violencia: (“No maltraten y no extorsionen a ninguno”).1 Don Alberione, al comentar este texto evangélico en una meditación a sus hijos (inédita), subraya la necesidad positiva de “hacer el bien”: «Juan Bautista predicaba la penitencia a las multitudes que iban a él para preparar el camino al Mesías que estaba por comenzar su misión. Evitar el mal y reparar lo hecho, y de ahora en adelante hacer el bien. Las palabras categóricas que predica a todos, sin medios términos, subrayan la importancia y la urgencia de esta preparación. (...) El Bautista como los antiguos profetas demandan beneficencia desinteresada, una mano abierta como manifestación de un corazón abierto. La caridad es efecto de la penitencia. El amor activo es fruto de conversión interna. (...) Es necesario decidirse, tomar posición; o con Cristo o contra Cristo. El Mesías, en efecto, vendrá para purificar la era con el aventador, para recoger el trigo en el granero, mientras la paja será tirada en el fuego. Propósito: dar frutos de caridad…». Se trata de indicaciones prácticas válidas también hoy: “beneficencia desinteresada”, “mano abierta”, “decidirse”. En una palabra: “producir frutos de caridad”. Esto para demostrar que “la caridad es efecto de la penitencia”, y que el fruto de la conversión interna es “el amor activo”. G.G.
Elevamos nuestra oración a Cristo, don del Padre, esperanza de la humanidad: Ven, Señor Jesús, fuente de nuestra alegría.
Oremos
1Cf G. Ravasi, Secondo le Scritture, anno C, Piemme 1994, pp.27-28. |
4º Domingo Navidad
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