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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO 2005
Is 63,16b-17.19b;2b-7. 1Cor 1,3-9. Mc 13,33-37

“¡Cuidado! Estad alerta, porque no sabéis cuándo llegará el momento. Sucederá lo mismo que con aquel hombre que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!.”

     
 
 

ATENTOS EN LA ESPERA                         I  II  III  IV

Al inicio de la primera semana de Adviento nos ponemos en camino hacia la Navidad. Un camino distribuido en cuatro etapas, iluminadas por la Palabra que nos afrece la liturgia dominical.

La palabra-guía de la primera etapa es: Velar

Ir hacia la Navidad quiere decir ir hacia Jesucristo, que ha “venido a habitar entre nosotros” (Jn 1,14). Jesús nos quiere despiertos, solícitos, atentos, conscientes y capaces de comprender el significado pleno de su venida y de su presencia entre nosotros.

La palabra de orden nos viene directamente de Jesús. El Evangelio nos habla de un hombre que, después de haber dejado su casa y sus bienes al cuidado de sus siervos, partió a un largo viaje. Jesús dice: “Estén atentos porque no saben cuando vendrá el dueño de casa” (Mc 13,35).

Velen y esperen al Señor, no ociosamente sin hacer nada, sino en la actividad diligente e inteligente, haciendo obras buenas, preocupados del bien de los que están a su lado, atentos a quienes se encuentran en la necesidad.

Velen y deseen que el Señor regrese. Su presencia no la consideren un peso, una limitación de la propia libertad, una superioridad arrogante e irritante. Sea, en cambio, señal de seguridad, de armonía, de tranquilidad y de paz.

Velar es tomar conciencia de nuestra responsabilidad respecto al presente, dando a cada instante su valor eterno.

Velar es invocar al Señor para que venga, permanezca con nosotros y no nos deje solos: ¡Maranatha! Ven, Señor Jesús.

El Señor vendrá y velará sobre nosotros.

   “Nuestro Dios es un Dios que vela, no que vigila.
    De hecho, se vigila en nombre de la ley,
    mientras que se vela en nombre del amor.” (Jacques Leclerk).

- Sr. Lorenzina Guidetti, fsp