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Navidad del Señor |
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Vivir la alegría: Dios está con nosotros La Navidad nos hace celebrar el extraordinario evento de Dios que entra en nuestra historia, solidariza con ella y la asume para hacer posible un mundo de justicia y de paz. Es el amanecer nuevo que irrumpe en la noche, aquel del cual nos habla el profeta Isaías, que fue anunciado por los Ángeles a los pastores: “ No teman, pues les anuncio una gran alegría: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor” (cf. Lc 2, 10). La presencia de Dios en medio a nosotros es puro don, es el gesto más gratuito, el regalo más verdadero y más rico, que jamás haya recibido la humanidad. Un regalo que nosotros hemos recibido en nuestro Bautismo y que ha generado en nosotros la vida de Dios (Jn. 1, 12-13). Con reconocimiento y gratitud podemos espejarnos en el rostro del Niño Jesús y sentirnos hijos totalmente amados, hijos deseados por el amor paciente y tierno de un Dios que desde siempre nos ha amado y que continuamente nos busca. Acojamos el don de su amor y compartámoslo con los demás. La alegría y el gozo brotan de nuestro corazón. Y para nosotros será Navidad (AB) |
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Comunicar con gratuidad ¿Cómo transformar nuestra comunicación en don gratuito? Nos lo preguntamos en este tiempo que estamos viviendo, mientras contemplamos el Misterio de Cristo, don inefable y totalmente gratuito del Padre para toda la humanidad, para descubrir el camino de la salvación y hacer posible la comunicación con Dios y con todos, hombres y mujeres abiertos al soplo del Espíritu. Nuestro comunicar con Dios y con el mundo se transforma esencialmente en una relación de acogida y de gratitud; es la respuesta a un don recibido por benevolencia de Dios y por esto no debemos conservarlo sólo para nosotras mismas, sino compartirlo con actitudes de presencia, de anuncio, de participación y de alegría. Cada una de nosotras debe, pues, concebirse cono don gratuito, como una existencia regalada. No hay espacio en nuestro compromiso de vida, en nuestro trabajo apostólico para quedar encerradas en nosotras mismas o disfrutar la gracia recibida sólo en ventaja nuestra. Estamos llamadas a abrirnos y a hacernos don para los demás, sin nostalgias de posesión o de poder, de mero eficientismo, sino sólo de servicio. De este modo podremos “decir Dios” y manifestarlo coherentemente con todos los medios que están a nuestra disposición. La gratuidad, es una actitud del alma, un perfume del corazón. A través de ésta la gracia de Dios desciende hacia el hombre y reviste de belleza cada vida. El creyente y también el no creyente que encontramos en nuestro camino, en nuestro ministerio de comunicación, debe tener la profunda percepción de vivir como dentro de un universo de gratuidad: todo es gracia porque todo es don del Padre de todo bien. Quien tiene conciencia de esta realidad inefable es consciente de estar llamado a liberar todos los valores positivos encerrados en cada cosa, para testimoniar y hacer visible la bondad y la riqueza del don de Dios. (MAQ) |
Hablaré de tu bondad Tu grandeza Señor, callaré sobre tu grandeza, Bendito el poder (Efrén el Sirio) |
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