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4º domingo de Adviento
Is 7,10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24

Acoger en la fe

José, frente a la maternidad de María, decidió retirarse. Pero, acogiendo las palabras del ángel que le dice: “José, no temas aceptar a María” (Mt  1,20), entró en la lógica de la fe y aceptó hacer de padre a Jesús.

Para José tampoco fue fácil aceptar el camino oscuro de la fe que comporta el abandono total y exclusivo en la acción salvadora de Dios. De hecho, en los años vividos con Jesús y María, la vida se desarrolló ordinariamente. Cuando murió, Jesús todavía no había realizado ningún milagro, ni difundido ninguna doctrina.

José vivió con sencillez, libertad y gratuidad el servicio de custodio del Hijo de Dios, creyendo firmemente que la salvación vendría de Jesús. Nos enseña que la fe requiere obediencia y adhesión interior al amor, confianza filial en el Padre celestial y gozosa esperanza.(AB)

Una  comunicación que educa a la libertad

La libertad se puede conjugar con liberación de los mecanismos que condicionan y que pueden ejercerse sobre él; pero también se puede identificar con los valores de la verdad, de la belleza, del bien y en con tarea de realización de todos los valores humanos.

A una comunicación que quiera y sepa formar a la libertad de los hijos de Dios, ya que sólo ésta es la verdadera libertad, se pide sobre todo que sepa dar a las personas el valor del riesgo y de la inventiva para construir comunidades libres, fuertes y adultas. Comunidades liberadas del individualismo, de la solitaria relación con Dio que aísla de toda relación con los demás, para hacerse compromiso y servicio. El encuentro con los otros en la comunidad es el lugar eminente de la libertad cristiana. Allí se confronta con la tradición viviente y con la vida; está sostenida por la enseñanza de la Iglesia y puede verificar la propia fidelidad a un pasado, que es al mismo tiempo presente y futuro.

Una comunicación que quiera promover a las personas y ofrecerles un mensaje que pueda ponerlas en grado de hacerse cargo de quien lo escucha, debe saberse confrontar continuamente con la libertad y sobre la libertad del autoritarismo, del inmovilismo, de la pereza; debe hacerse promotora de libertad entre lo diverso y a veces contrapuestos carismas; debe correr el riesgo de la libertad, de la franqueza o parresia, que es sencillez de relaciones, sinceridad y apertura al diálogo, capacidad de hablar y al mismo tempo de escuchar, superación del servilismo y de la hipocresía; es corresponsabilidad, creatividad, capacidad de renovarse y cambiar, valentía de inventar cosas nuevas y hasta de pensar de modo creativo. (MAQ)

Libertad

La palabra libertad tiene su raíz
en el término latino liberi que significa hijos.
La libertad no es hacer lo que uno quiere,
sino la capacidad de crecer como hijos
en dependencia - por elección libre –
por una ley o por una persona.
Elegir a quien nos ha llamado a vivir,
nos hace llegar a ser personas libres,
como dice Emmanuel Monier:
“es la persona que se hace libre, después
de haber elegido ser libre” superando
la barrera del orgullo,
de la desconfianza
y del miedo. La imagen
de la libertad es propia
del hijo, que sabe que
pertenece a alguien.
Jesús a nivel humano,
fue un hombre
plenamente realizado
porque estuvo siempre
en relación con el Padre
y supo que no estaba
solo. La libertad
cristiana es decidirse
por Dios en el amor
:
Estas opciones de amor
están sostenidas por
una relación filial con el Padre.