Home        1º domingo          8 diciembre          2º domingo           3º domingo          4º domingo         Navidad

Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
Gn 3,9-15.20; Ef 1,3-6.11-12; Lc 1,26-38

Abrir de par en par el corazón a la esperanza

Dios tiene necesidad de una madre y pide a María convertirse en el seno que lo dona al mundo. Ella acepta con trepidación, pero también con mucha confianza. Y con su “aquí está la esclava del Señor” (Lc. 1, 38) permite que la esperanza renazca en el mundo.  En María Inmaculada, que abre de par en par su corazón a Dios, se interrumpe una larga cadena de pecados de rebelión y nace el alba de una nueva fidelidad al Padre. En su seno se encarna el brote de Jesé (Is. 11,1), toma vida Aquel que será la bendición para la humanidad de todos los siglos. 

El itinerario de María es también el nuestro: si, con nuestra radical disponibilidad a Dios permitimos que Cristo Jesús viva en nosotros, nos hacemos bendición, gozo y esperanza para todos aquellos que encontramos en nuestro camino. La adhesión al proyecto de Dios transformará nuestra vida y la de toda la humanidad.(AB)

Comunicar esperanza

En Cristo descubrimos la impresionante novedad que anunciamos al mundo. Su evangelio señala a cada hombre y a cada mujer la esperanza para el camino futuro. Sin visión de futuro no existe esperanza, así como sin esperanza no existe futuro. Una comunicación que no transmite esta visión, vive al margen de aquella historia, que cada día se renueva y exige nueva encarnación para poder participar activamente en sus cambios.

La esperanza que deseamos comunicar, quizás no sea posible decirla sólo con palabras, aún con aquellas revestidas de belleza, luces y colores, imágenes y sonidos propuestos por los modernos instrumentos del comunicar. Dado que la esperanza es el “aún no”, es el lugar donde florece algo positivo que provoca gozo y estupor, es algo muy espléndido, pero también extremadamente frágil, que debe ser cuidado y cultivado. Es una realidad relacional y por tanto de comunicación y también de vida. Es una realidad que puede resplandecer también en el dolor y en la angustia que a menudo acompañan nuestros días.

La esperanza nos lleva a ver dentro de nosotros y en las causas de los acontecimientos que marcan nuestros días, para mirar lejos, ya que la esperanza es como la profecía que incide en la historia, es deseo incontenible de ir hacia adelante, es éxodo y ansia de encuentro, de superación de barreras, capacidad de ver lo nuevo, de ir allí donde “justicia y paz se besarán” (Sal 85,11). Es el grito entrelazado del hombre y de Dios, quien, como dice Martin Buber, “no se libera de su creación, sino que la abraza”. (MAQ)

 

María, madre de la esperanza

Oh María, tú eres bendita
entre todas las mujeres
y llena de riqueza,
virgen pura y madre.
“Nube” de misericordia,
que lleva las esperanzas
de todo el mundo.

Por ti, la tierra desolada
recibió la paz…
“Hija” de pobres,
“Madre” del único rico,
cuyos tesoros
son profusos
a los mendigos
para enriquecerlos.

“Carta”
en la cual fue escrito
el secreto del Padre,
que mediante su carne
se manifestó al mundo
para que el mundo
fuera renovado”.

(Giacomo di Sarug)