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La invitación de Juan: “Preparen el camino al Señor” es un fuerte llamado
a la conversión del corazón y de la vida.
La palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, “Voz del que grita en el desierto: preparen el camino al Señor; todo barranco será rellenado, y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios”.
(Lucas 3,2-6)
Oramos con el Salmo 85:
A Voy a escuchar lo que dice el Señor:
el Señor anuncia la paz
a su pueblo y a sus fieles.
Sí, la salvación está cerca de los que le honran,
Dios habitará en nuestra tierra.
El amor y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se abrazan,
la fidelidad surge de la tierra
y la justicia se asoma desde el cielo.
Pongámonos en la presencia de Jesús justo y misericordioso. Él tiene en cuenta el bien realizado y ofrece el perdón del mal cometido, prepara las gracias para nuestro progreso espiritual. Dios nos concede de nuevo la inocencia, que significa: Dios con nosotros. Por tanto, si Dios está con nosotros, quiere decir gracia, benevolencia, ayuda, defensa, fuerza, paz, serenidad; quiere decir confianza en cada paso, en cada empresa, en cada obra de apostolado.
.............................................................................. (Don Santiago Alberione)
Oramos:
Oh Dios, nuestro Padre,
justo y lleno de misericordia,
vuélvete a nosotros:
nos sentimos todos pobres y desorientados,
como expatriados, endereza nuestros corazones
y nuestros senderos, regálanos pensamientos de paz
y de conversión continua, para que podamos preparar
el camino a tu venida abriéndonos a tu amor y a tu verdad.
¡Amén! |
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