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Señor,
una vez más la furia de los elementos
provoca destrucción y muerte.
Katrina, el gran huracán,
inunda ciudades importantes,
y, como siempre, los más pobres
son los más perjudicados
y los que sufren el dolor,
la desesperación y la muerte...
América, aterrorizada y vacilante,
intenta socorrer a sus hijos.
Pero el desastre es tan enorme
que todo el mundo queda estupefacto. |
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Nuestro planeta se reduce,
se estrecha en un solo abrazo,
y una vez más
los gestos de solidaridad se multiplican.
También Sri Lanka,
ya duramente golpeado por el tsunami,
ofrece su pequeño óbolo.
Lo ofrecen también el Papa,
los jefes de gobierno,
personalidades eminentes de la industria,
de la cultura y del espectáculo;
se unen las organizaciones internacionales
y personas particulares,
para llevar consuelo y esperanza,
allí donde al agua parece
haberlo sumergido todo
y donde la desesperación
puede convertirse en violencia. Te rogamos, Señor,
que vuelvas tu mirada paterna,
llena de piedad y ternura,
hacia esta humanidad doliente,
y hacia todas las personas que todavía saben
dar la mano con gestos fraternos
de participación y solidaridad.
Abre nuestros corazones y los de todos,
incluso los de aquellos que todavía
ignoran el gozo de dar,
para que en este nuevo encuentro del mundo
resuene una sinfonía de amor,
y todos: hombres y mujeres,
pequeños y grandes
puedan descubrir sorprendidos
cuan bello es sentirse todos hermanos
porque somos hijos de un mismo Padre. M.A.Q
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