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A tu cuna, oh Niño divino,
dos mil años atrás, los Reyes Magos de Oriente
llegaban guiados por la radiosa cometa,
trayendo dones exóticos y raros.
Todo era pobre en la humilde gruta;
la Virgen Madre, dulcemente aceptaba
los preciosos regalos llegados de lejos
donando a todos una amable sonrisa.
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Después de la destrucción llegada del mar,
es el Oriente quien extiende sus manos,
implorando piedad y benevolencia,
para poder llorar a sus muertos, socorrer a sus heridos,
reconstruir sus casas, sus vidas y reencontrar esperanza.
Los pueblos todos de nuestro Occidente,
a veces opulento y egoísta,
alejan sus pensamientos de división y rencor,
y rápidamente se unen para seguir juntos
a una nueva estrella cometa
que conduce allá, donde más grande es la angustia.
Y cumplen gestos concretos inmediatos
ón y amistad.
Una nueva estación inicia para todos
bajo el signo del encuentro de pueblos diversos.
Señor, haz que este año recién comenzado
conozca una nueva aurora del mundo,
para dar inicio a un nuevo humanismo;
nos haga sentir más cercanos, más hermanos y hermanas,
en nombre de Cristo que queda con nosotros.
Hombres y mujeres de todos los pueblos
haremos una ronda de colores y sonidos diversos,
encendiendo nuevas luces,
para que finalmente amanezca para todos
un nuevo sol de justicia, de paz y de amor. MAQ |
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