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Siempre que me acuerdo de vosotros doy gracias a mi Dios; y cuando pido por vosotros en mis oraciones, lo hago con alegría, por vuestra participación en el progreso del evangelio desde el primer día hasta ahora, persuadido de que quien comenzó en vosotros la buena obra la llevará a feliz término para el día de Cristo Jesús. (Fiipenses 1,3-6)

Salmo 63 (62)

Oh Dios, tú eres mi Dios;
desde el amanecer ya te estoy buscando,
mi alma tiene sed de ti,
en pos de ti mi ser entero desfallece
cual tierra de secano árida y falta de agua.

Así en el santuario te contemplo
para ver tu gloria y tu poder.
Tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán;

toda mi vida te bendeciré,
en tu nombre levantaré mis manos;
me saciaré como en banquete espléndido,
mi boca te alabará con labios jubilosos.

Cuando estoy en la cama pienso en ti,
en ti medito en los insomnios de la noche,
porque tú eres mi auxilio
y a la sombra de tus alas me recreo;
me abrazo a ti con toda el alma, y tu diestra me sostiene.

Oramos
Elevamos la alabanza a nuestro Dios, que acompaña siem-pre nuestros días y guía nuestros pasos y que regocija nuestra vida con frutos fecundos. Su gracia y su bendición estén en nuestras vidas y en nuestras obras, para que puedan transformarse en fuentes de bien y de salvación para todos. ¡Amén!

Glorificamos al Señor con el canto del Magnificat

«Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador,
porque se ha fijado en la humilde condición de su esclava.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes,
su nombre es santo;
su misericordia de generación en generación
para todos sus fieles.

Ha desplegado la fuerza de su brazo,
ha destruido los planes de los soberbios,
ha derribado a los poderosos de sus tronos
y ha encumbrado a los humildes;
ha colmado de bienes a los hambrientos
y despedido a los ricos con las manos vacías.

Ha socorrido a su siervo Israel,
acordándose de su misericordia,
como había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia para siempre».

 
 
   
Es una propuesta de oraciones, eminentemente de carácter bíb-lico, que pueden utilizarse tanto para la oración personal o fami-liar, como para iniciar o para con-cluir los encuentros. Los temas son los siguientes:

Cada oración se inspira en un texto bíblico del Nuevo Testa-mento: San Pablo o San Juan.

Sigue un salmo, que ayuda a contemplar la Palabra anun-ciada, y concluye con la oración sobre el salmo.

Después de una pausa de inte-riorización, se propone una ora-ción final. Casi todas son de nuestro Fundador, el beato San-tiago Alberione; algunas están en el libro de oraciones de la Familia Paulina, otras fueron tomadas de sus libretas de notas espirituales.

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