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Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros. (Filipenses 4,7-9)

Salmo 145 (144)

Te ensalzaré, rey mío y Dios mío,
bendeciré tu nombre por siempre jamás;
todos los días te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre jamás.

Dios es grande y digno de alabanza,
no tiene medida su grandeza.
Una generación ponderará tus obras a la otra,
proclamarán tus proezas;

hablarán del esplendor de tu gloriosa majestad,
contarán tus milagros;
publicarán el poder de tus prodigios
y pregonarán tus grandezas;
divulgarán el recuerdo de tu inmensa bondad,
aclamarán tu justicia.
El Señor es tierno y compasivo, paciente y lleno de bondad;

El Señor es bueno con todos,
lleno de ternura con todas sus obras.
Te alabarán, Señor, todas tus obras, y tus fieles te bendecirán;
El Señor es justo en todos sus caminos,
leal en todas sus acciones;
el Señor está cerca de los que lo invocan,
de los que lo invocan con sinceridad.

Él cumple los deseos de sus fieles,
escucha su clamor y los libera;
el Señor guarda a todos sus amigos,
y extermina a todos los malvados.
Mi boca dirá la alabanza del Señor,
todos los muertos bendecirán su santo nombre por siempre jamás.

Oramos
Tú eres el Dios con nosotros, que reviste de piedad y ternura a todos los que te aman; dónanos la alegría de conocerte cada vez mejor, de seguirte con fidelidad y de servirte con valentía, para hacer resplandecer tu nombre. ¡Amén!

 


Invocamos a nuestro Maestro

Jesús, divino Maestro, te adoramos
como unigénito de Dios, venido al mundo
para dar a los hombres la vida en toda su plenitud.

Te damos gracias porque, muriendo en la cruz,
nos has merecido la vida, que nos comunicas en el bautismo,
y alimentas en la eucaristía y los demás sacramentos.

Vive en nosotros, Jesús, por la fuerza del Espíritu Santo,
para que te amemos con toda la mente,
con todas las fuerzas y todo el corazón,
y amemos al prójimo como a nosotros mismos.

Aumenta en nosotros el amor para que un día,
resucitados a la vida gloriosa,
participemos contigo en el gozo de tu reino.

 

 
 
Es una propuesta de oraciones, eminentemente de carácter bíb-lico, que pueden utilizarse tanto para la oración personal o fami-liar, como para iniciar o para con-cluir los encuentros. Los temas son los siguientes:
 

Cada oración se inspira en un texto bíblico del Nuevo Testa-mento: San Pablo o San Juan.

Sigue un salmo, que ayuda a contemplar la Palabra anun-ciada, y concluye con la oración sobre el salmo.

Después de una pausa de inte-riorización, se propone una ora-ción final. Casi todas son de nuestro Fundador, el beato San-tiago Alberione; algunas están en el libro de oraciones de la Familia Paulina, otras fueron tomadas de sus libretas de notas espiri-tuales.

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