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Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo. (Apocalipsis 3,20)

Salmo 95 (94)

Venid, cantemos jubilosos al Señor,
aclamemos a la roca que nos salva;

vayamos ante él a darle gracias
y a cantar himnos en su honor.

Porque el Señor es el Dios grande,
el rey grande sobre todos los dioses.

Tiene en sus manos las profundidades de la tierra
y suyas son las cumbres de los montes;

suyo es el mar, pues él mismo lo hizo,
y la tierra firme, que formaron sus manos.

Venid a adorarlo, hinquemos las rodillas
delante del Señor, nuestro creador.

Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo,
las ovejas que él guarda.

Escuchad lo que dice:
«No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto,
cuando vuestros padres me desafiaron

y me pusieron a prueba
aunque habían visto mis obras».

Oramos
Este nuevo día que tú nos donas, Señor, trae consigo una nueva invitación al amor: haz que no permanezcamos sordos a tu voz de hoy. Ayúdanos en nuestro compromiso de anunciarte y servirte; haz que a la obediencia dócil de las obras, acompañe la adoración y la alabanza. ¡Amén!

Oramos al Maestro Divino

Maestro, tu vida me traza el camino;
tu doctrina confirma y alumbra mis pasos;
tu gracia me sostiene
y me apoya en el camino hacia el cielo.

Tú eres perfecto Maestro:
das ejemplo,
enseñas y fortaleces al discípulo para que te siga.

«Porque tanto amó Dios al mundo
que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él
tenga vida eterna» (Jn 3,16).

 
 
Es una propuesta de oraciones, eminentemente de carácter bíb-lico, que pueden utilizarse tanto para la oración personal o fami-liar, como para iniciar o para con-cluir los encuentros. Los temas son los siguientes:
 

Cada oración se inspira en un texto bíblico del Nuevo Testa-mento: San Pablo o San Juan.

Sigue un salmo, que ayuda a contemplar la Palabra anun-ciada, y concluye con la oración sobre el salmo.

Después de una pausa de inte-riorización, se propone una ora-ción final. Casi todas son de nuestro Fundador, el beato San-tiago Alberione; algunas están en el libro de oraciones de la Familia Paulina, otras fueron tomadas de sus libretas de notas espiri-tuales.

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