Existía la luz verdadera, que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo; el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. A todos los que lo reciben, a los que creen en su nombre, les da el ser hijos de Dios… (Juan 1,9-12)
Salmo 19 (18)
Los cielos narran la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos,
un día comunica el pregón al otro día
y una noche transmite la noticia a la otra noche.
No es un pregón, no son palabras,
no son voces que puedan escucharse,
mas su sonido se extiende por la tierra entera
y hasta el confín del mundo sus palabras.
Puso una tienda al sol allá en lo alto
y él sale como un esposo de su alcoba,
como un atleta alegre que emprende una carrera.
Sale por un lado del cielo
y tras su carrera se pone por el otro,
sin que haya nada que a su calor escape.
La ley del Señor es perfecta, portadora de vida;
el testimonio del Señor es veraz, hace sabio al sencillo;
los preceptos del Señor son justos,
reportan alegría al corazón;
los mandamientos del Señor son límpidos,
dan luz a los ojos;
el temor del Señor es puro,
dura para siempre;
los decretos del Señor son la verdad misma,
todos ellos son justos;
más preciosos que el oro,
más que el oro fino,
más sabrosos que la miel,
más que el jugo de panales.
Acoge las palabras de mi boca,
acepta los deseos de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Oramos
Oh Padre, que has enviado a tu Verbo divino para revelar al universo el esplendor de tu gloria, concédenos que la Palabra de tu Hijo ilumine nuestros corazones, restaure nuestras al-mas y nos dones sabiduría y humilde valentía para mostrarte al mundo. ¡Amén!
Oramos con el Beato Santiago Alberione
Que yo ama con tu corazon.
Que yo vea con tus ojos.
Que yo hable con tu lengua.
Que yo oiga sólo con tus oídos.
Que guste lo que tú gustas.
Que mis manos sean tus manos.
Que ore con tu oración.
Que trate como tú tratas.
Que yo celebre como tú te inmolaste.
Que yo sea tú y que tú seas yo,
hasta el punto de que yo desaparezca.
Dígnate servirte de esta lengua
para cantar a Dios por todos los siglos;
de este corazón para amarle:
de este pecador, el más desgraciado,
para gritar: «Yo soy el Buen Pastor,
yo quiero misericordia».