«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros cree-mos y sabemos que tú eres el santo de Dios». (Juan 6,68-69)
Salmo 16 (15)
Tú eres mi Señor, mi bien sólo está en ti.
Ellos, en cambio, veneran a los dioses que hay aquí en la tierra,
malditos los que en ellos se complacen.
Los que corren tras ellos aumentan sus desgracias.
Yo jamás tendré parte en sus cruentos sacrificios,
mis labios no pronunciarán jamás su nombre.
Señor, tú eres mi copa y mi porción de herencia,
tú eres quien mi suerte garantiza.
Me han caído las cuerdas en la tierra más fértil,
me encanta la heredad que me ha tocado.
Yo bendigo al Señor, que me aconseja,
hasta de noche mi conciencia me advierte;
tengo siempre al Señor en mi presencia,
lo tengo a mi derecha y así nunca tropiezo.
Por eso se alegra mi corazón, se gozan mis entrañas,
todo mi ser descansa bien seguro,
pues tú no me entregarás a la muerte
ni dejarás que tu amigo fiel baje a la tumba.
Me enseñarás el camino de la vida,
plenitud de gozo en tu presencia,
alegría perpetua a tu derecha.
Oramos
Señor, muéstranos los senderos de la vida, cólmanos de las delicias que tienes en tu diestra, vela constantemente sobre cada una de nosotras y de nuestras tareas, para que el mundo te conozca y haz que en nuestra peregrinación terrena tengamos siempre fija la mirada hacia tu santa montaña. ¡Amén!
Oramos a San Pablo
Apóstol san Pablo, que con tu doctrina
y tu amor has evangelizado al mundo entero,
mira con bondad a tus hijos y discípulos.
Todo lo esperamos de tu intercesión ante el divino Maestro
y ante María, Reina de los Apóstoles.
Maestro de los gentiles, ayúdanos a vivir de fe,
a salvarnos por la esperanza y a que reine en nosotros el amor.
Concédenos, instrumento elegido,
una dócil correspondencia a la gracia,
para que no sea estéril en nosotros.
Que sepamos conocerte, amarte e imitarte cada vez mejor,
para ser miembros vivos de la Iglesia,
cuerpo místico de Jesucristo.
Suscita muchos y santos apóstoles
que aviven el cálido soplo del verdadero amor,
extendiéndolo por todo el mundo,
de modo que todos los hombres
conozcan y den gloria a Dios Padre
y a Jesús Maestro, camino, verdad y vida.
Tú sabes, Jesús, que nuestra confianza
no se apoya en nuestras propias fuerzas.
Por tu misericordia, nos proteja de toda adversidad
la poderosa intercesión de san Pablo,
nuestro padre y maestro.