A mí, el más insignificante de todos los cristianos, se me ha concedido el privilegio de evangelizar a los paganos, de anunciar la incalculable riqueza de Cristo, de declarar el cumplimiento de este plan secreto, escondido desde todos los siglos en Dios, creador de todas las cosas. Así, de ahora en adelante, por medio de la Iglesia, los principados y potestades celestiales podrán conocer la incalculable sabiduría de Dios, según el plan eterno que Dios ha realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Gracias a la fe que tenemos en Cristo, nos acercamos a Dios con entera libertad y plena confianza. Por eso os pido que no os desalentéis al ver lo que sufro por vosotros, pues esto debe ser un honor para vosotros. (Efésios 3,8-13)
Salmo 8
¡Oh Dios, Señor nuestro,
qué admirable es tu nombre por toda la tierra,
tu majestad se asienta encima de los cielos!
De los labios de los niños
y de los que maman
te has hecho una fortaleza frente al agresor, para
reducir al enemigo y al rebelde.
Cuando veo los cielos, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que creaste,
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano para que de él te preocupes?
Apenas inferior a un dios lo hiciste,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el señorío de la obra de tus manos,
bajo sus pies todo lo pusiste:
ovejas y bueyes, todos juntos,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo y los peces del mar,
cuanto surca las sendas de las aguas.
¡Oh Dios, Señor nuestro,
qué admirable es tu nombre por toda la tierra!
Oramos
Oh Señor, nuestro Dios, asombrados como niños, por todo lo que has hecho de grande en nosotras y a nuestro alrededor; contemplamos la obra de tus manos y también la obra de las manos de hombres y mujeres y celebramos la grandeza de tu nombre, que deseamos anunciar a todos. ¡Amén!
Invocamos al Espíritu para que guíe nuestro trabajo
Espíritu Santo, por intercesión de la Reina de Pentecostés,
sana mi mente de la superficialidad, de la ignorancia,
el olvido, la dureza, el prejuicio, el error y la perversión,
y engendra en todo mi ser la Sabiduría, Jesucristo-verdad.
Sana mi corazón de la indiferencia, la desconfianza,
las malas inclinaciones, pasiones, sentimientos y apegos,
y engendra en mí los gustos,
sentimientos e inclinaciones, a Jesús-vida.
Sana mi voluntad de la abulia, la ligereza, la inconstancia,
la indolencia, la obstinación y los malos hábitos,
y engendra en mí a Jesucristo-camino,
el amor nuevo a todo lo que ama Jesucristo
y a Jesucristo mismo.
Eleva mi mente con el don de la inteligencia,
mi saber con el don de la sabiduría,
el conocimiento con la ciencia,
la prudencia con el consejo,
la justicia con la piedad,
la fortaleza con el don de la fuerza espiritual,
y la templanza con el temor de Dios.