DOS NUEVOS IMPORTANTES DOCUMENTOS ECLESIALES:
1. Comunicación y Misión       
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Compendio de la Doctrina social de la Iglesia


Comunicación y Misión

A mediados de octubre fue publicado el documento de la CEI "Comunicación y Misión. Directorio sobre las comunicaciones sociales en la misión de la Iglesia”. Aprobado por la Asamblea General de la CEI en el pasado mes de mayo, se propone orientar el compromiso de los católicos en el campo de los media, ya sea en el ámbito típicamente pastoral, como en el ámbito del actual contexto socio-cultural.

El documento está dividido en dos secciones, ocho capítulos y 203 parágrafos. De particular interés la elección iconográfica, caracterizada por doce imágenes que siguen como hilo conductor el tema de los ángeles. El texto del Directorio va acompañado de un Dvd multimedial preparado por la Oficina nacional para las comunicaciones sociales de la CEI, que contiene el hipertexto y el audio del documento, el índice analítico interactivo, vídeo y fichas didácticas para cada uno de los ocho capítulos. Siempre en el Dvd está disponible un vídeo-dossier de 56 minutos, preparado por Sat 2000, la Tv satelital de los católicos italianos.

El Directorio, hecho público durante una conferencia de prensa realizada en Roma, el 14 de octubre, fue presentado por: S.E. Mons. Giuseppe Betori, S ecretario General de la CEI; S.E. Mons. Francesco Cacucci, Presidente de la Comisión Episcopal para la cultura y las comunicaciones sociales y por otras personalidades del mundo católico, comprometidas en el gran areópago de la comunicación social.

El Secretario General de la CEI, en su intervención, indicó los objetivos generales y las finalidades del importante documento, los que resumimos a continuación:

1. Alimentar la convicción que la Iglesia existe para la comunicación de la fe, ya sea en la aceptación plena de la comunicación que viene de Dios, como la del anuncio siempre nuevo y actual del Evangelio. Esto es lo que estamos llamados a hacer nacer de una renovada comprensión de los fundamentos teológicos de la comunicación de la fe.

2. Insertar en toda la acción pastoral, catequesis, liturgia, caridad…, una atención sistemática a la dimensión comunicativa para interceptar el lenguaje de la actual cultura mediática. Es fundamental encuadrar este compromiso en un proyecto pastoral orgánico que, a través de organismos y estructuras adecuadas pueda ser bien integrado en el sector de los media en la misión de la Iglesia, ya sea a nivel local que a nivel nacional.

3. Ayudar a los operadores de los media, sobre todo a los de los semanarios diocesanos, de las radios y de las televisiones locales, de las salas de la comunidad y de las nuevas tecnologías, para asumir nuevas responsabilidades comunes y compartidas para sensibilizar a las comunidades eclesiales; ofrecer modelos de diálogo entre la Iglesia y el territorio y hacer emerger el valor pastoral del servicio ofrecido por los media locales.

4. Acrecentar la conexión y las sinergias entre media locales y nacionales como “signo profético” del modo de ser y de comunicar de la Iglesia. Los operadores de los media tienen también la tarea de hacer emerger la naturaleza de la Iglesia en su ser realidad universal y, al mismo tiempo, plena y totalmente radicada en el territorio.

5. Formar y hacer operativa la nueva figura del animador de la comunicación y de la cultura. Es esta una gran responsabilidad a la cual todos deben cooperar. Los cambios en acto y la novedad de los desafíos exigen, además, para todos, un sistemático y cualificado proceso de formación, a más niveles y en varias formas, en sintonía con las iniciativas eclesiales y en colaboración con los centros especializados, valorando las asociaciones y las realidades de los religiosos y de las religiosas que trabajan en este campo.

6. Ofrecer un aporte concreto junto a los otros sujetos que actúan en el sector, para hacer crecer la conciencia ética y el sentido de responsabilidad, tutelar a las personas y a los sujetos más débiles, solicitar las opciones que mejor sepan promover la comunicación social como bien común y como factor de crecimiento social y cultural, como ya se ha auspiciado en las Orientaciones pastorales (CVMC n. 39).

S. E. Mons Giuseppe Betori concluyó auspiciando que el Directorio contribuya, como afirmaba el Santo Padre en el precedente Convenio nacional Parábolas mediáticas, a formar a los “obreros”, con el genio de la fe y sepan hacerse intérpretes de las actuales instancias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación, no como tiempo de alienación y de desconcierto, sino como tiempo precioso para la búsqueda de la verdad y para el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos“. El texto completo del Directorio se puede descargar del sitio:www.chiesacattolica.it.

 

 

Compendio de la Doctrina social de la Iglesia

El Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz, por encargo del Santo Padre, ha elaborado este nuevo documento (presentado a la prensa el 25 de octubre por S.E. el Card. Renato Raffaele Martino, presidente del Pontificio Consejo), que se proyecta como un instrumento indispensable para anunciar y actualizar el Evangelio en la compleja red de las relaciones sociales, y muy útil para “el discernimiento moral y pastoral de los complejos eventos que caracterizan a nuestro tiempo”.

El Compendio es un volumen de 505 páginas, de las cuales 319 son de texto, dividido en tres partes con 12 capítulos, que trata de los fundamentos, contenidos y perspectivas pastorales; las páginas restantes abarcan diversos índices, de referencia y analítico. El documento, como afirmó el Card. Martino, ofrece un cuadro completo de las líneas fundamentales de la enseñanza social católica, que permite afrontar adecuadamente las cuestiones sociales de nuestro tiempo. De hecho, éstas requieren ser tomadas en consideración con una visión de conjunto, porque se caracterizan como cuestiones cada vez más interconectadas, que se condicionan recíprocamente y que se refieren cada vez más a toda la familia humana.

La Iglesia no puede quedar indiferente a todo lo que en la sociedad se elige, se produce y se vive, a la calidad moral, es decir, auténticamente humana y humanizante de la vida social. La sociedad y con ésta la política, el sistema democrático, la economía, el trabajo, el derecho y la cultura, no constituyen un ámbito meramente secular y mundano y por esto marginal y extraño al mensaje y a la economía de la salvación.

Un dato que merece subrayarse es que dicho Compendio está propuesto como un instrumento para alimentar el diálogo ecuménico e interreligioso con todos los que desean sinceramente el bien del hombre. Evidentemente, todo esto corresponde ante todo a los católicos, pero puede ofrecer interesantes estímulos también a quienes profesan otros credos religiosos.

El documento, subraya de nuevo el presidente del Pontificio Consejo, presenta la doctrina social de la Iglesia como una doctrina que nace del discernimiento, y al dis-cernimiento está finalizada, y se hace cargo de algunos desafíos decisivos y de gran relieve e importancia, que aquí los indicamos brevemente.

El primer desafío es el cultural. La verdad del Evangelio debe encontrarse con el saber elaborado por el hombre y cuando el diálogo con las varias disciplinas del saber se vuelve íntimo y fecundo, la doctrina social de la Iglesia logra ejercer su tarea de estimular una nueva proyección social, económica y política capaz de poner al centro la persona humana, en todas sus dimensiones. Otro desafío es la necesidad de una renovada colaboracióninterreligiosaen el terreno de los derechos humanos, de la paz, de la justicia social y económica, del desarrollo. El tercer desafío es totalmente pastoral. El futuro de la doctrina social de la Iglesia en el mundo de hoy, dependerá de la continua y renovada comprensión de la radicación de la doctrina social en la misión propia de la Iglesia, en las varias formas en las cuales ésta se expresa. Es importante que se comprenda que dicha doctrina nace de la Palabra de Dios y de la fe viva de la Iglesia. Ésta, de hecho, es expresión de su servicio al mundo, en el cual la salvación de Cristo debe ser anunciada incesantemente con las palabras y con las obras.