Los niños y los medios de comunicación:
Un reto para la educación
(Sor Mariangela Tassielli, fsp)
Los niños, los media y el plurivalente campo de la educación: son los tres grandes protagonistas del mensaje elaborado por el Papa, Benedicto XVI, en ocasión de la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
La relación entre los media y el mundo de la infancia, ciertamente, no es una novedad en el debate internacional, pero su actualidad y complejidad es innegable.
Antes de continuar, considero oportuno explicitar que:
- todas las veces que hable de media o medios de comunicación me referiré a los media tradicionales y a los new media, o a los así llamados personal media; a las tecnologías y a sus respectivos lenguajes; a la comunicación como ambiente cultural;
- considero el campo semántico de la educación en términos muy amplios y aptos para comprender a personas, instrumentos y métodos involucrados directa o indirectamente en lo educativo.
Cuando las sociedades civiles se interrogan sobre la Comunicación, muy a menudo consideran las tecnologías, los contenidos, las modalidades plurivalentes de comunicación y las reglamentaciones cada vez más necesarias. Sin embargo, es extremadamente parcial la atención puesta sobre las transformaciones sustanciales que el “mundo comunicación” está produciendo a nivel antropológico. Desde este punto de vista, la infancia es el “tiempo humano” de mayor vulnerabilidad, justamente porque es el tiempo en el que las estructuras mismas de la identidad se están construyendo, pero es también el momento más precioso en el delicado proceso educativo. Por tanto, al considerar la educación como una tensión constante en generar las innumerables potencialidades humanas de cada persona, significa dar valor a lo positivo, con realismo respecto a los riesgos que en sentido amplio, podría generar una integración entre los media, las tecnologías, el arte, los niños y la educación.
El Papa, en su discurso pone a fuego dos perspectivas esenciales:
- la formación de los niños de parte de los media
- la formación de los niños para responder, de modo apropiado, a los media.
Más allá de toda idealidad, no podemos dejar de considerar la primera de las perspectivas en el ámbito de una verdadera y propia industria que, en coherencia con las propias finalidades económicas, no parece poner la formación humana del individuo entre sus primeros objetivos. Educar, informar y divertir eran, en origen, las prerrogativas, de aquello que en el mundo de la televisión se define servicio público. Cuánto sean actuales y seguidos tales objetivos , es de hecho, un interrogante abierto sobre más frentes. Dar por descontado que los media quieran formar a los niños, no nos exime de una pregunta esencial: ¿quién gobierna los media? ¿Quién debería sentir esta gran responsabilidad educativa?
Esperar que los media se conviertan en espacios en los que los valores, la belleza y las culturas puedan expresarse, no autoriza a ignorar las leyes que actualmente las gobiernan: leyes de mercado, de la audience, de la publicidad, de los format. Pretender entonces que los media formen, podría no ser el desafío realmente vencedor. Diciendo esto no subvaloro los muchísimos intentos que actualmente están en curso en muchos países, de formación mediada por las tecnologías, de propuestas formativas multimediales, de itinerarios educativos, también muy eficaces. Pero igualmente no puedo dejar de evidenciar la desproporción: respecto a itinerarios confeccionados a medida, que logran llegar a millones de usuarios, la propuesta libre y continua de los media fuera de toda lógica formativa llegan, en cada instante, a millones de niños y adolescentes en el mundo. No puedo dejar de ignorar los objetivos concretos que subyacen en las programaciones reservadas a los niños de 4 a 14 años, ni ignoro la lógica del merchandising, verdadera y propia arma de provecho. Por otra parte querer que existan sistemas legislativos de control y gestión de la formación e información podría ser sin duda un punto de partida, pero quizás no una verdadera y propia solución.
¡Apuntar sobre la formación! Es el reto más concreto y posible, para el hoy; pero es también nuestro verdadero y propio apostar sobre el futuro. Es poner objetivos previsores, creando itinerarios progresivos de actuación, evaluación, acompañamiento. Es no dejar que el mañana llegue de cualquier modo, sino hacer de modo que sea esperado y preparado. La formación parece la verdadera y propia profecía sobre la cual invertir una buena dosis de energías y de fe en la bondad originaria de todo hombre y mujer.
La comunicación es el seno en el cual todo se forma y se nutre; es el ambiente del cual se asume los instrumentos de interpretación y comprensión de lo real, los estilos cognitivos y relacionales, en los cuales se mide los propios deseos y los afectos. Quien, por vocación, considera al ser humano y su formación integral capta en este sentido un doble desafío: por una parte poner la persona al centro de todo proceso comunicativo; por otra hacer de los media espacios de encuentro y de relaciones posibles y liberadoras. Pensar de trabajar sólo sobre la formación de los niños es ya una ocasión perdida de partida. Educar a los niños significa, de hecho, educar a las familias, diría don Bosco; por otra parte, incidir sobre las “masas”, que significa formar antes a los intelectuales, sugeriría don Alberione. Hechas las debidas proporciones, una estrategia formativa posible, podría construirse justamente sobre dos puntos cardinales: la formación a los media para los niños, por una parte, y la formación para los educadores, animadores, padres, guías de opinión y operadores, por otra.
Formar a la responsabilidad es reconocer a cada uno la libertad de ser sí mismo, de entrar en relación con lo diverso de mí, de elegir, equivocarse y recomenzar.
En ocasión del Safer Internet Day (SID)1 , celebrado en Europa, el pasado 6 de febrero, Save the children ha presentado los resultados de una investigación conducida sobre padres y chicos entre los 10 y los 17 años. Además de los interesantes elementos, opto por focalizar la atención sobre dos aspectos-claves que surgen con particular fuerza: ayudar a los chicos y a los padres a adquirir una conciencia real de los riesgos y de las oportunidades asociadas a las nuevas tecnologías; considerar a los niños y adolescentes no sólo víctimas, sino individuos activos, con recursos autónomos, reforzando por tanto el sentido crítico y su autonomía de pensamiento.
Ciertamente, en el panorama internacional, la conciencia de los riesgos ligados a los media si bien no siempre objetiva, es fuerte. Pero la lógica del control y gestión del imponer filtros a la red, del impedir en una nación la penetración de un format, es una lógica decididamente superada y superable.
En la sociedad de la información y comunicación se debe jugar la carta de la responsabilidad y del conocimiento. Baste pensar que justamente en octubre de 2006, en preparación al SID, fue lanzado un proyecto de conocimiento y promoción sobre las tecnologías de la información y comunicación. Más de 200 escuelas, repartidas en 40 naciones han elaborado material promocional de carácter internacional. Pero este y todos los posibles proyectos activados o programados en cada ámbito del vivir social y religioso, corren el riesgo de ser cometas temporales en el inmenso universo, si no asumen carácter de continuidad y de progresión.
La comunicación y las tecnologías que la animan, la interrogan y la regeneran deben ser reconocidas como un verdadero y propio espacio relacional. Los chicos dicen estar solos ante las tecnologías, solos e indefensos frente a las más veloces transformaciones en curso, solos respecto al cambio de sus gustos, de los criterios de elección y de su modo de construir relaciones con el otro; solos respecto a la avalancha incontrolada y continua de informaciones. Muchos de ellos, aún sintiéndose en grado de afrontar el peligro, se esperan algo más de la familia.
Los padres dicen que se sienten solos en la comprensión de la identidad, de la fuerza y de los cambios que la comunicación, como cultura, está generando.
Todos piden que no los dejen solos. Se dirigen a las instituciones civiles, a los productores de ICT, a los distribuidores de media y de servicios.
«La Iglesia misma, a la luz del mensaje de la salvación que se le ha confiado, es también maestra en humanidad y aprovecha la oportunidad para ayudar a los padres, educadores, comunicadores y jóvenes»2. La Iglesia misma reconociendo el Carisma Paulino como don de Dios para la salvación de la humanidad, le confía la realización de su más específica identidad: comunicar el Evangelio, en la integralidad de su mensaje, al hombre y a la mujer de hoy, a través de “el universo media”, allí donde comunicación y evangelización no son en ningún caso sierva ni maestra una de la otra3.
En una recíproca interacción, la comunicación es la lengua que la evangelización debe aprender a hablar, es el nuevo hábito, es el odre nuevo en el cual derramar el vino nuevo de la fe en Cristo Señor. Inculturar el Evangelio en la cultura de la Comunicación. Es un desafío que no puede ser retrasado más. Es una precisa responsabilidad histórica que el hoy nos confía y de la cual, por vocación, no podemos eximirnos.

1 El Safer Internet Day es un proyecto elaborado por Insafe, una comisión instituida en el ámbito de la Unión Europea para promover el uso ético, responsable y positivo de las tecnologías de información y comunicación.
2 Benedicto XVI, los niños y los medios de comunicación: un reto para la educación, Mensaje para la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Roma 24 enero de 2007.
3 cf. S. Sassi, “Te he visto cuando estabas debajo de la higuera”. La comunicación: aspecto carismático, relación en el ámbito del Encuentro internacional sobre la Comunicación, Roma 1-14 febrero de 2007, p. 1.

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