COMUNICACIÓN PROYECTADA HACIA EL FUTURO
(Sor M. Agnes Quaglini)

Es un título un poco pretencioso para nuestra pequeña reflexión que quiere ayudar a adquirir la capacidad de repensar la comunicación en relación a las temáticas fundamentales de la vida humana. La nuestra es una realidad variada y pluralista, en la cual estamos inmersas, de manera ciertamente diversa, y en la cual queremos contribuir eficazmente y ofrecer un aporte cada vez más constructivo.

Proyectarnos hacia el futuro es un imperativo constante de nuestra misión paulina. Nuestro Fundador era un gran convencido de la necesidad de lanzarnos constantemente hacia adelante: “O miramos valientemente la realidad, más allá del pequeño mundo que nos rodea, y entonces vemos la urgente necesidad de un cambio radical de mentalidad y de método, o bien en cuestión de pocos años habremos hecho el desierto alrededor del Maestro de la vida; y la vida nos eliminará, justamente, como a ramas muertas, inútiles, engorrosas”. Son palabras fuertes, pronunciadas por Alberione en noviembre de 1950, más de medio siglo atrás, pero que conservan intacta su actualidad y todo el sabor de su impulso carismático.

“La civilización del pasado, los gobiernos de éxito contemporáneos, la vida de las personas mejores en la comunidad, se distinguen siempre por la capacidad de vivir más allá del día, en una vida entregada superando sus fuerzas y su propio tiempo”. Lo afirma un conocido escritor del “Corriere”, Gianni Riotta, quien agrega también haber sido impactado leyendo el Evangelio de Mateo y el pensamiento del Evangelista: sólo las semillas capaces de perder el presente por el futuro, con tenacidad y paciencia, sobrevivirán.

Nos preguntamos entonces: ¿cómo hacer activo y fecundo el impulso profético del Fundador, en el contexto comunicativo de nuestro tiempo, para que asuma una impronta verdaderamente paulina? Se necesita un proyecto que suscite convergencias en la realización de iniciativas de calidad, pensadas en la óptica de la continuidad, pero abiertas, para que puedan tocar los ganglios vitales y problemáticos de la existencia de las personas y sean realizadas con modalidades comunicativas adecuadas a la capacidad receptiva y reflexiva de los destinatarios. Se necesitará una condivisión de talentos y de conocimientos para poder sembrar eficazmente el Evangelio en los surcos de la cultura contemporánea y de la libertad de las personas, para realizar efectivamente un servicio a la Iglesia y al mundo.

Una comunicación que se proyecta hacia el futuro tiene necesidad de proyectos, de valentía, de tener siempre presente los desafíos que las profundas mutaciones antropológicas y culturales en curso presentan al anuncio. Necesita investir en la investigación estratégica, en el estudio profundizado de las nuevas técnicas de la comunicación y de sus lenguajes. Necesita estructuras actualizadas, nuevas formas de sinergia, de colaboración al interno de nuestra familia y con grupos e instituciones que actúan en el gran areópago de nuestro tiempo.

Proyecto, valentía y visión de futuro, son tres perspectivas de una comunicación en camino, capaz de impulsar hacia nuevas realizaciones y hacia emulaciones siempre positivas; una comunicación que nos proyecta hacia el mundo entero y nos hace sentir como Pablo, deudor del Evangelio hacia todos, y por esto capaces de renovarnos sin detenernos, con un “corazón grande – como nos pide nuestro Fundador – que mira no solamente al progreso de algunas personas, sino a formar una mentalidad nueva en la sociedad: una impronta, una dirección nueva”, para que también hoy se realice el “Vengan todos a mí”.